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domingo, 27 de abril de 2014

Momentos mágicos




Un atardecer de verano...


















                   Luz cenital en otoño...


                                                         Noche fría de invierno...

Mis preferidas


De entre el elenco de bellezas que pueblan este minijardin hay dos que me tienen enamorada, vamos, que son las niñas bonitas. 

Una es la Clemátide, planta trepadora que tiene una floración fastuosa, cubriendo el vallado como un precioso tapiz morado:





Si queréis conocer más de esta hermosa planta, en este enlace a la página de Infojardín tenéis toda la información.

 




La otra niña mimada es la Lagerstroemia, un pequeño arbolito conocido con el nombre de árbol de Júpiter. 
En primavera se cubre de hojas de un verde intenso y brillante, al final del verano se llena de racimos de flores rosas…



 y, avanzado el otoño,  luce magestuoso con sus hojas teñidas de un espectacular color rojizo. 



También os adjunto el enlace a la ficha de Infojardín

Y en este vídeo se ve la envergadura que pueden llegar a tener:







Problemillas

No os creáis que este jardín ha surgido de buenas a primeras.
Primero he tenido que salvar muchos inconvenientes. El principal, el de todo jardinero novato, querer tener en el jardín todas esas plantas tan bonitas que veía en los viveros. “Esta me gusta, esta también, y esta otra, me las llevo…”,   pero después en el jardín se morían. Y es que hay que detenerse a conocer las características de cada una, sus necesidades de agua, de sombra o de sol, su resistencia al frío y las heladas, si son de tierra ácida, etc. Y después comparar con las características del lugar donde las vamos a plantar. Y aún así, surgirán problemas que ni te imaginas.  

El peor problema de mi jardín era la falta de drenaje. Al ser un espacio limitado por cuatro pareces, después de llover copiosamente o de nevar, al deshacerse la nieve, el agua se encharcaba, porque no podía salir hacia ningún sitio y terminaba pudriendo las raíces de muchas de mis plantas, otras se llenaban de hongos, proliferaba el musgo...

La solución fue cavar hoyos de unos cincuenta centímetros de profundidad, (bueno, hasta donde alcanzó mi brazo) y rellenarlos con piedras. Fue un trabajo de chinos, pero mereció la pena, porque a partir de ese momento las plantas empezaron a mejorar. 
Para hacerse una idea, estas son las fotos: