No os creáis que este jardín ha surgido de
buenas a primeras.
Primero he tenido que salvar muchos
inconvenientes. El principal, el de todo jardinero novato, querer tener en el
jardín todas esas plantas tan bonitas que veía en los viveros. “Esta me gusta,
esta también, y esta otra, me las llevo…”, pero después en el
jardín se morían. Y es que hay que detenerse a conocer las características de
cada una, sus necesidades de agua, de sombra o de sol, su resistencia al frío y
las heladas, si son de tierra ácida, etc. Y después comparar con las
características del lugar donde las vamos a plantar. Y aún así, surgirán
problemas que ni te imaginas.
El peor problema de mi jardín era la falta de
drenaje. Al ser un espacio limitado por cuatro pareces, después de llover
copiosamente o de nevar, al deshacerse la nieve, el agua se encharcaba, porque
no podía salir hacia ningún sitio y terminaba pudriendo las raíces de muchas de
mis plantas, otras se llenaban de hongos, proliferaba el musgo...
La solución fue cavar hoyos de unos cincuenta centímetros de profundidad,
(bueno, hasta donde alcanzó mi brazo) y rellenarlos con piedras. Fue un trabajo
de chinos, pero mereció la pena, porque a partir de ese momento las plantas
empezaron a mejorar.
Para hacerse una idea, estas son las fotos: